Te evades veloz en el tiempo
como los aromas de un jardín imaginario
en noches de soledad y ensueño.

Tu ausencia es humo,
reliquia de un pasado
que encuentro en el surco del recuerdo.

Y de puntillas, en la madrugada,
en silencio,
hasta la hora elegida
siempre espero tu regreso.

Aquí estoy, cual diosa exiliada
de tan efímero paraíso.

Hoy, los murciélagos del atardecer de mi infancia
regresan de nuevo
a mi extraño paraje.
Convocan mis fantasmas,.
Acentúan mi zozobra, destrozan mi equilibrio.

Estridentes voces me anuncian
que no asumí la derrota,
y no la voy a asumir.

MariClaudia.